"La Revolución Dule revive en el Teatro Nacional de Panamá".
Un siglo de resistencia y arte: "La Revolución Dule revive en el Teatro Nacional de Panamá".
Por Candelario Reyes García, Embajador de Honduras en Panamá.
Ayer, en la regia sala del Teatro Nacional de Panamá, el tiempo se permutó en memoria, un grito, un poema, una Mola Gigante presidiendo el escenario, como una nube ancestral bajo la cual los artistas nos hicieron partícipes de un poema de colorido y gran espiritualidad.
Las luces se atenuaron, el público permaneció expectante y, en el escenario, comenzó a tejerse una historia de resistencia, valentía y arte. Era el recital del Pueblo Dule, un homenaje de vida y emotivo a los cien años del levantamiento revolucionario que marcó un hito histórico por la justicia, la paz y la autonomía de este pueblo indígena.
El evento, organizado por la Dirección de Cultura y Turismo de la Municipalidad de la Ciudad de Panamá, a manera de conmemoración histórica, fue una celebración viva de la identidad y el espíritu del Pueblo Dule.
El Teatro Nacional, testigo de tantos momentos emblemáticos de la cultura panameña, se convirtió anoche en un santuario donde el pasado y el presente se fundieron en un grito de resistencia y esperanza.
La fuerza poética de un pueblo
El recital, interpretado íntegramente por artistas del Pueblo Dule, fue una obra maestra de narrativa visual y emocional. Cada escena, cada gesto, cada palabra estuvo dotado con una fuerza poética vivaz. La puesta en escena no solo recreó los hechos históricos de la Revolución Dule de 1925, sino que también transmitió la esencia de un pueblo pacífico, creativo y profundamente espiritual, obligado por las circunstancias a alzar su voz contra el atropello y la injusticia.
En las tablas, los actores evocaron las figuras legendarias como Nele Kantule y Simral Colman, líderes de aquel levantamiento que desafió las políticas de asimilación cultural impuestas por el gobierno panameño en los albores del siglo XX. Con trajes tradicionales y movimientos cargados de simbolismo, los artistas transportaron al público a las islas de San Blas, donde el Pueblo Dule luchó por preservar su lengua, sus costumbres y su territorio.
Un grito que perdura: justicia y paz
El recital no se limitó a narrar los hechos históricos; fue también un llamado urgente a la reflexión. A través de la danza, la música y la palabra, los artistas transmitieron un mensaje claro: la lucha del Pueblo Dule no fue solo por su autonomía, sino por la paz, la integración y la justicia. Un grito que, cien años después, sigue resonando en un mundo que aún enfrenta desigualdades y exclusiones.
En una de las escenas más conmovedoras, los niños tomaron el centro del escenario y, con una voz dulce pero firme, cantaron poemas en su lengua materna. Sus voces, aunque incomprensibles para muchos de nosotros, transmitieron una verdad universal: la importancia de preservar la identidad cultural y honrar a quienes luchan y han luchado por ella.
El mensaje que nos fue compartido.
“La Revolución Dule no fue solo un acto de resistencia política; fue un acto de amor por la cultura y la identidad”
Los artistas kunas reinterpretaron esta historia para que no se pierda su esencia y para agradecer a sus ancestros, quienes lucharon por mantener vivas sus ideologías y costumbres.
Por mi parte, como un invitado especial, me queda por medio de este modesto escrito, decir que sentí honrado de asistir a este evento. No como embajador, sino como alguien que ha dedicado su vida al arte. Lo que vi aquí fue más que una obra de teatro; fue un acto de resistencia cultural, un recordatorio de que la verdadera riqueza de una nación está en su diversidad y en el respeto a sus pueblos originarios.
La Revolución Dule de 1925 fue un hito histórico que no solo aseguró la autonomía del Pueblo Dule, sino que también sentó un precedente para la lucha de los derechos indígenas en América Latina. Hoy, la Comarca de Guna Yala es un ejemplo de autogobierno y preservación cultural, un testimonio vivo de que la resistencia pacífica y la unidad pueden triunfar sobre la opresión.
Concluyo esta reflexión, reiterando que es necesario que este evento se repita en diversas localidades de Panamá, porque es en sí, una historia que cobra vida nuevamente. Es una puesta artística para recordar, para emocionarse y, sobre todo, para reflexionar. Porque, como bien lo expresó el recital, el grito del Pueblo Dule no es solo un eco del pasado; es un llamado urgente a construir un futuro de paz, equidad y respeto mutuo.
En un mundo que a menudo olvida sus raíces, el Pueblo Dule nos recuerda que la verdadera revolución comienza con el reconocimiento de nuestra humanidad compartida. Y anoche, en el corazón de Panamá, esa revolución volvió a brillar.
Agradezco haber sido Invitado.


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